Los peces hablan

tres

Hace unos días, en el Foster’s Hollywood donde trabajo, escuché: “Nadal perdió ayer, ¿no? Ése está ‘acabao’ ya”. Era un cliente. Su amigo le decía que no, que en tierra seguirá ganando. El comentario viene a colación de la eliminación de Rafa en el Open de Australia. Primer Grand Slam del año y eliminado en primera ronda. Ya no es lo que era… Lo mismo ocurre con Pau Gasol, que ha quedado fuera del All Star. Ya no hay hueco para él en el fin de semana de las estrellas. No es lo que era, ni mucho menos. Por no hablar de Fernando Alonso, que antes volaba y ahora ni siquiera corre. Su última victoria fue en mayo de 2013, ¡2013! Esta temporada ha terminado 17º en la clasificación general. Sólo cinco pilotos  por debajo, cuatro de ellos con cero puntos. No, ya no es lo que era.

España es campeona del mundo de fútbol, balonmano, F1, tenis, baloncesto, motociclismo, boxeo, natación, rallies, waterpolo, ciclismo, hockey patines o fútbol sala. También de windsurf, bádminton, triatlón, gimnasia rítmica, gimnasia artística, hípica, pádel, karate, trial, patinaje artístico, petanca o piragüismo. Quizá éste sea el problema. Ganar tanto. Porque luego hay que defender el trono. Y en cuanto titubees, irán a por ti. Quizá los españoles estemos malacostumbrados al éxito. La Selección Española sabe bien de qué hablo. Y Cristiano Ronaldo está cerca de saberlo. No voy a citar el palmarés de Gasol, ni el de Alonso, ni el de Nadal. Pero uno tiene más de mil partidos en la NBA, otro es el tercer piloto con más podios de siempre y el otro… el otro posiblemente sea el mejor deportista español de la historia.

Supongo que aquel cliente era un pez. Un pez sentado en una mesa y cenando. Un pez al que su memoria pez le impide recordar más allá del lugar en el que aparcó el coche antes de entrar al restaurante. Este pez cree que cuando se acaban las victorias se acaba el respeto. Pero no. Los récords se van y el respeto a una carrera queda para siempre. El desprecio por los nuestros, el desagradecimiento, la indiferente ligereza con la que dictamos su final, es de ser muy pez. A estos tres héroes aún les quedan batallas que ganar, copas que levantar y cronómetros que destrozar. O no. Pero da igual. Nos han dado innumerables alegrías. El cliente ni siquiera dejó propina. Pero da igual. Por la boca muere el pez.

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