Enhamed Enhamed: “Si piensas en tu rival, has perdido una décima”

Enhamed (Las Palmas de Gran Canaria, 1987) perdió la vista a los ochos años, aunque él prefiere decir que ‘ganó la ceguera’. Nunca ha llevado gafas para ciegos. Se puso las de bucear y se lanzó a una piscina, el único sitio donde no le decían: “hijo, ten cuidado”. Hoy es el mejor nadador paralímpico de la historia. Ya retirado de la competición, sigue amando el deporte y los retos: en 2014 completó el Ironman de Lanzarote (3,8 km nadando, 180 km en bici y una maratón, todo seguido) y pisó la cumbre del Kilimanjaro (5.981 m). Ahora trabaja como coach deportivo y ejecutivo. Y estrena libro, ‘Ironmind’. Charlando con él, insufla un entusiasmo vital que entra de lleno en los pulmones y propina una inyección de endorfina directa a la sangre. Y ves la vida con otros ojos, con sus ojos.

¿Cuándo decidió que quería escribir un libro?

Quería reunir en una misma fuente toda la información que me ha ayudado a conseguir mis metas. Y compartirla. Lo mejor era escribir un libro. Desde que lo pensé hasta que empecé pasó tiempo… Me puse con él a la vuelta del Kilimanjaro en 2014.

Ha tardado menos de un año entonces…

Sí, pero he pasado muchas horas de avión y muchas horas en aeropuertos…

Ironmind, ¿es una biografía o un libro de ayuda?

No diría que es un libro de autoayuda ni una biografía, sino una mezcla de ambas cosas.

¿Qué porcentaje de visión tiene?

Define porcentaje.

De 0 a 100.

Cero.

¿Y de intuición?

Depende. Hay días que mucha y hay días que muy poca. Daniel Kahneman decía que la intuición es ese pensamiento rápido que tenemos tras vivir muchas experiencias. Si algo falla nos daremos cuenta en relación a nuestra experiencia. Le dieron un Premio Nobel. Yo la suerte que tengo es que un programa me lee la pantalla. En nueve años he leído más de 900 libros.

Es una barbaridad…

Es que un libro de 500 páginas en dos días me lo ventilo, ¡encima no se te cansa la vista!

Como si escuchara la radio…

Algo así, pero a velocidad muy, muy rápida. Si te desconcentras te saltas media página. Tienes que estar muy concentrado. Y voy tomando notas mientras.

A los 8 años hay un antes y un después en su vida. ¿Cuál es el segundo punto de inflexión?

El 2 de enero de 2002. Un entrenador me preguntó por qué no había ido a entrenar las Navidades. Y me inventé una excusa. Me dijo: “tú verás”. Le prometí que a partir de aquel día no iba a faltar a ningún sólo entreno, y me dijo: “todos decís lo mismo y luego nunca lo cumplís”. “¡Pues no voy a faltar!”, le dije. Y desde el 2 de enero de 2002 hasta el 30 de septiembre de 2004 no falté a ningún entrenamiento. Ni con fiebre, ni con dolor de garganta, ni habiendo dormido dos horas… daba igual.

¿Aquellos 7 años en los que vio le sirven para imaginar el mundo de hoy?

Absolutamente, porque el cerebro no entiende de la ceguera. Una vez que ha visto siempre pensará que sigue viendo. Los sonidos, los olores, las texturas… te dan unos indicios y a partir de ahí el cerebro se monta la imagen que le da la gana.

¿Sueña?

Sí, tanto los ciegos de nacimiento y los que nos hemos quedado ciegos después. Ambos soñamos. La diferencia son las sensaciones que tienes. Los ciegos de nacimiento no tienen imágenes. Tienen todo por tacto, sonido… En mi caso, todo son imágenes. A medida que he ido creciendo, las caras de la gente de mi entorno aparecen difuminadas, pero todo lo demás aparece nítidamente. A veces sueño con algo que no he visto nunca, que no conozco de nada, pero mi cerebro se lo monta de tal manera que lo veo claramente.

¿Se puede vivir bien siendo deportista paralímpico?

No. ¿Se puede vivir? Sí, se puede vivir perfectamente. Pero bien, no. Cuando paras, no hay nada. O has labrado una carrera paralela, o en el momento en que dejas de entrenar y de competir, se acabó.

Enhamed medallas

¿Hay algo en su vida que se haya propuesto y no haya conseguido todavía?

No, porque yo diferencio muy claramente entre lo que me propongo y lo que me gustaría hacer o tengo ganas de hacer.  Son dos cosas muy diferentes. Mucha gente dice: “Me gustaría escribir un libro”. “Pero, ¿te has puesto?”. “No, pero me gustaría y me encanta escribir”. “Vale, ¿cuántas veces escribes a la semana?”. “Bueno, realmente no escribo todas las semanas…” Si quieres algo realmente, si te lo has propuesto, lo haces todos los días. Llueva, nieve o truene. Pase lo que pase. Siempre lo haces. Al final lo acabarás consiguiendo. Siempre que sea razonable. A mí me encantaría ser piloto de avión, pero eso no va a pasar

¿Vamos siempre a rebufo de la felicidad?

La felicidad, como un estado permanente, no existe. La felicidad no la apagas y la enciendes. Ser feliz es que te guste realmente lo que haces, pero, sobre todo, aceptar que te gusta ser quien eres. Independientemente de la casa, el dinero, el coche, las medallas… Nosotros no somos eso. Somos los que producimos ese resultado, pero no eso. Por eso es mucho más importante saber en quién te quieres convertir que en lo que quieres conseguir.

¿Cómo es un día en la vida de Enhamed? ¿A qué hora se levanta?

Cuando estoy en San Francisco, si tengo una sesión muy temprana hora española, hay veces que me tengo que levantar a las 3:30 de allí para estar a las 4:00 delante del ordenador. En España son las 13:00. Trabajo hasta las 14h y luego tengo la tarde libre para hacer lo que quiera, entrenar o salir con mis amigos. Cuando estoy en España, me levanto a las 6:00. Me encantan las primeras horas de la mañana, cuando la gente todavía sigue durmiendo y hay esa tranquilidad. Mis biorritmos van más de mañana. Empezamos a trabajar a las 8 y hasta que dure, no tengo un horario fijo. Si no tengo trabajo, entreno. Y siempre intento dedicar al menos una hora al día a leer.

¿Qué cambió su vida tras ser campeón olímpico, qué notaba diferente el día después?

Al día siguiente me levanté a las 7:40. Es de esas cosas raras que te acuerdas: te levantas, miras el reloj y son las 7:40. Llevaba durmiendo diez horas por el cansancio acumulado que tenía. Pensé: “¡Ostras, se acabó!” Ya no tengo un objetivo que perseguir, no tengo nada que hacer hoy, ni pensar en nada ni perfeccionar en nada. Puedo relajarme. Eso fue un cambio que me costó asimilar. Y volví a España flipando con mis resultados: “Cuatro medallas de oro, 21 añitos, estoy fuerte… ya verás”. A las tres semanas, un niño me preguntó en una charla si cambiaría las medallas por volver a ver. Y ahí me di cuenta, por primera vez en mi vida, de que estaba feliz. Contento y satisfecho de ser ciego. Ése fue el mayor cambio de todos.

¿Qué relación guardaba con su entrenador y qué porcentaje de éxito le atribuye?

En natación, la relación con un entrenador es de amor-odio. Son los que te empujan cuando no puedes más, los que te animan cuando estás desmotivado… La parte complicada con mi entrenador, la única, es que tras una medalla, me daba la enhorabuena y a renglón seguido me corregía algo. Esa exigencia está bien, pero hay que esperar para evaluar. Dejar que el deportista disfrute de su éxito, que se dé esa recompensa.

¿Le eligió usted a él o fue él quien le eligió a usted?
A Óliver Rivero, que fue el entrenador que más me influyó en mi vida, le elegí yo. Me influyó muchísimo. Muchas veces le decía: “Es que no puedo más”. Estaba reventado, el agua estaba fría y ya no me podía ni mover… Me decía: “Mira, para esta puta mierda, mejor te quedas en casa”. Y no sabes lo bueno que eso fue para mí.

¿Y por qué la mariposa?

Es especial, parece que estés volando encima del agua. Esa sensación de fuerza y agilidad al mismo tiempo no la tienes en ningún otro estilo. Por eso me encantaba. Me alucinaba esa sensación. Además, es el estilo donde más fácil me resultaba ir recto.

¿Cómo os avisan de que se acaba la piscina?

El entrenador tiene un palo. Nosotros usábamos uno para recoger pelotas de golf. Le poníamos un corcho al final y me avisaba golpeándome en la cabeza cuando me acercaba a la pared. Lo entrenábamos y calculábamos las distancias, porque tenía que ser preciso. Era muy complicado para ellos, por la velocidad a la que viene el nadador, la ola que levanta… El nadador puede no percatarse. Y a veces ellos no están seguros de haberte dado, porque si das al agua con fuerza parece que le has dado en la cabeza.

Enhamed piscina

¿Qué es una piscina rápida?

Nadamos mucho por sensaciones. Cómo sientes el agua, cómo te apoyas en ella… y hay aguas que las sientes pesadas. Si es sólo tu opinión, piensas: “será que estoy cansado”, pero si coincidimos todos los nadadores, sabes que es verdad. Me explicaron que dependía del diseño de la piscina: su profundidad, dónde estaban colocados los chorros, los sumideros, las corcheras que separan las calles… y sobre todo cómo están hechas las paredes de la piscina, para que las olas reboten de una manera u otra. La de Barcelona 2003 fue increíble, muy especial. Las del Cubo de Pekín y la de Eindhoven 2010 también eran increíblemente rápidas.

¿Le paran por la calle? Después de salir en el programa de Risto supongo que lo notaría…

Mucho. Cambiaron muchísimas cosas después de esa entrevista. Tengo mucho más trabajo que antes. De hecho hay clientes a los que tengo que decir que no porque no tengo tiempo.

Estuvo en la cima del Kilimanjaro, a casi 6.ooo metros. ¿A qué suena el silencio?

Esa cima no era tan silenciosa porque estaba llena de gente. Pero comparada con la cima que subimos justo antes, el Monte Meru… (piensa) Es denso, sí. Es curioso porque no se oía nada. Sólo el viento y las rocas si te mueves. Pero es denso. Es como estar en una burbuja. No hay ningún sonido que realmente llegue hasta ti. Es una sensación muy peculiar y me dio vértigo, porque sin referencias de sonido no sé dónde acaba el suelo, dónde hay una pared o dónde no.

Federer dijo en una ocasión, que en un momento dado de su carrera tuvo que tomar una decisión: mejorar sus puntos débiles o potenciar sus puntos fuertes.

Y optó por lo segundo.

Sí, efectivamente. ¿Qué le parece?

Que tiene razón. Nos enseñan que tenemos que mejorar nuestras debilidades, que tenemos que ser perfectos. Es un ideal ilusorio y creo que es un error muy grande. Si tienes unas debilidades y unas fortalezas, céntrate en tus fortalezas. Las debilidades, mejor delegarlas, encontrar a alguien que lo haga por ti. Y si alguna de esas debilidades afecta al desempeño de tus fortalezas, entonces sí, mejórala.

Enhamed piscina y perro

Otro personaje relevante, Stephen Hawking, ha declarado que su enfermedad le trajo cosas positivas: pudo dedicar toda su vida a la física, no tenía nada más que hacer. Estudió, impartió clases e investigó. Es decir, la enfermedad le ayudó a ser mejor astrofísico. Lo suyo no es una enfermedad, pero, ¿se siente identificado?

Totalmente. Para mí la ceguera es un don. Un don que me ha hecho ser quien soy. Si no me llego a quedar ciego, no habría aprendido a nadar, ni tú y yo estaríamos hablando aquí, ahora. La ceguera ha sido mi razón para seguir adelante todos los días, atreverme a hacer cosas y no parar. Yo tenía una cosa muy clara: si no sé hacer algo porque no veo, tengo que encontrar otra manera diferente de hacerlo. Y esa búsqueda es la que me ha ayudado a crecer.

¿Si no fuera ciego sería peor persona?

Nunca lo había pensado en ese término. Pero desde luego, no sería la persona que soy hoy.

¿Qué se siente al escuchar el himno de España desde el podio?

No se puede describir. Es imposible.

¿Quiere llorar?

En ese momento no sabes si llorar, si reír o si empezar a dar saltos y gritar: “¡Toma, toma, lo hice!”. Estás ahí con el himno, con la medalla, levantan la bandera… Sientes orgullo. Por lo que has hecho y por tu equipo. Quien diga que se ha hecho a sí mismo, miente. Todos necesitamos a gente en nuestro entorno. Si has hecho bien las cosas, lo que más sientes es agradecimiento.

¿Habla mucho consigo mismo?

Sí, todo el tiempo. Es la suerte de tener perro, que la gente no se entera.

¿Cuál es su mayor miedo?

Cruzar algunas calles peligrosas en San Francisco. Hay muchos coches eléctricos y no se oyen. No sabes si viene un coche o no. Y si hay una obra, o un tren elevado, tampoco los oyes. ¿Qué haces, esperas todo el día? Vale, preguntas a alguien. Pero, ¿y si no hay nadie? Al final tienes que tomar una decisión y arriesgarte.

¿Qué nuevos retos tiene en mente?

Quiero cruzar EE.UU. en bicicleta, ir desde San Diego a Nueva York. Correr una milla por cada una de las personas que murieron en los atentados de 2001. Son 3.320 millas, unos 5.400 km. Quiero hacerlo en homenaje a todos ellos. Será en 2016 ó 2017.

¿Dónde guarda sus medallas y trofeos?

Habla con mi madre. Estarán en casa, en algún armario por ahí. No hay un museo, son sólo objetos. ¿Qué representan ahora? Nada. Simplemente que un día llegaste el primero.

¿El récord del mundo lo tiene vigente todavía?

El del 100 m mariposa, sí. Y el del 50 m mariposa, creo que también.

¿Conoce a Mireia Belmonte?

Sí. Hemos coincido en Sierra Nevada, entrenando. Me cayó muy bien. Es una chica muy tranquila, muy nadadora… La mayoría de los nadadores tendemos a ser un poco introvertidos.

¿Terminó ADE?

No. No terminé ni Psicología ni ADE. Me quedé en segundo año en las dos. Pero sí que quiero terminar algún día.

Tras Pekín 2008, al levantarse y ver cumplido su objetivo, ¿cómo se motivó de nuevo?

Fue muy difícil. De hecho, nunca volví a estar realmente motivado. Ya no sentía la natación como un reto. Hubo rivales que mejoraron mucho y así pasó, que en Londres me ganaron. Empecé a tener hambre por otras cosas, por crecer como profesional fuera del agua.

¿Cómo se concentraba en la salita previa al saltar al agua?

Para poder concentrarte en un momento de tanta tensión tienes que entrenarlo antes.

¿Se puede entrenar la mente en blanco?

No, nunca he procurado tener la mente en blanco. Fue una de las mil cosas que probé trabajando para Pekín, pero no es tan útil como dicen. No lo conseguí más que unos pocos segundos. Sí es verdad que en algún momento he tenido la mente en blanco, pero no ha sido sentado en el sofá. Ha sido a 185 pulsaciones, cuando tu cerebro deja el control a tu cuerpo. ¿Se puede entrenar la concentración absoluta? Sí, ¿Y que el miedo esté fuera y no dentro de ti? También, pero hay que hacerlo todos los días.

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Me intento imaginar aquella salita. Con ocho nadadores, uno por calle. Y ocho entrenadores. En silencio absoluto, ya que está prohibido hablar. Quizá se escuche la música en los cascos del contrincante de al lado. No puede mirar mal su rival para intimidarle, pero sí que siente la energía que se respira ahí. ¿Es en ese momento cuando empieza la competición?

(Piensa). Para ser un nadador bueno, sí, la competición empieza ahí. Si quieres ser extraordinario, la competición empieza desde el momento en que llegas a ese país. Todas las cosas que hagas antes de entrar en esa sala tienen que ir encaminadas a tranquilizarte. No puede haber discusiones con la gente, no puede haber problemas con tu pareja si la tienes. Todo tiene que quedar relegado. Absolutamente todo, sea lo que sea. Para que cuando estés en esa sala, tu cerebro tenga las mínimas cosas con las que lidiar. Mi rutina era la siguiente: durante el calentamiento, buscaba la sensación física que necesitaba para la competición. Ese momento en el que das una brazada y sientes que ésa es la brazada correcta, ése es el gesto perfecto, así es como me quiero sentir. Eso lo almacenaba, lo dejaba en una parte de mi cabeza y sabía cómo activarlo luego, tenía un gesto para ello. Salía del agua y me secaba. Me ponía el bañador de competición y desde ese momento, todo quedaba fuera. Todo. No quería hablar con el entrenador ni con los compañeros. Y si me hablaban respondía con monosílabos. Nada de lo que te dijeran podía entrar en esa burbuja. ¿Cuál es la diferencia? Si vas a nadar una prueba de larga distancia o medio fondo, lo de aislarse en una burbuja tiene que ser relajado, porque vas a necesitar esa concentración durante 3, 4 ó 5 minutos. Si es una prueba corta, esa concentración ha de ser total, en una especie de tensión. La música que escuches tiene que ir en consonancia. En una prueba de medio fondo, te pones una música más tranquila, que te entretenga. Para una prueba corta, la música tiene que ser muy intensa. Que sientas esa tensión en todo tu cuerpo, como los caballos de carreras cuando van a salir, igual. Sólo tienes 25 segundos de competición, no vas a tener tiempo de corregir nada. Cuando llegas a la cámara de salida, te piden la acreditación y te sientas en tu silla hasta el momento de salir. Cuando te quitas el chándal y sólo te quedas con el bañador de competición, haces el gesto que te decía antes y ya estás dentro. Nada te puede distraer. Ni siquiera escuchas al público. Con ese gesto le decía a mi cabeza: ya está, es todo cosa del cuerpo, olvídate.

¿Quién es la primera persona que te dice: “eres campeón olímpico, has batido el récord del mundo”?

Recuerdo que toqué la pared y me giré. Oí a mi equipo cantar la marca. Y sabía que con esa marca ninguno de mis rivales me podía haber cogido. Ni de coña. Era una marca que sí, había pensado en ella, la había imaginado, pero no me habría atrevido a soñar con ella.

Te sorprendiste a ti mismo.

Siempre. La mejor competición es esa. Esos 100 m mariposa de Pekín fueron perfectos. Lo visualicé miles de veces. Me levantaba y mientras me duchaba me imaginaba la prueba. Estaba desayunando y estaba imaginando la prueba. Y en los entrenamientos. Y por la calle. Esa prueba la nadé miles y miles de veces. Pero cada vez que competía, encontraba un fallo. Había algo que ajustar. Necesito más fuerza en las piernas, o necesito más abdominales. Entonces iba al gimnasio, porque según mi visualización, mi físico no se ajustaba al resultado que quería. Y cuando me visualizaba, nunca lo hice tocando esa pared. Siempre me quedaba con las manos en el aire a punto de tocarla. Y en el Ironman, justo la zancada anterior a cruzar la línea de meta. Ese último paso no quieres imaginarlo. Quiere decir que todo va a salir bien. Y ése es el secreto. No puedes dejar que tu cabeza piense que toda va a salir bien, ni que todo va a salir mal. Tiene que haber siempre esa pequeña duda.

¿A mitad de la prueba ya sabes que vas a ganar de sobra, que vas a hacer récord?

Eso significa que has perdido la concentración. Nosotros no podemos ver a los rivales. Nosotros hemos de concentrarnos tanto en mantener la línea recta y en cómo vamos nadando, que si empiezas a pensar en cómo van los demás, has perdido una décima.

Enhamed títulos
Palmarés de Enhamed en 3 JJOO, 5 mundiales y un europeo (2002-2012).

Agua: Libertad

Juegos Olímpicos: Trabajo

El Sáhara: Arena

La mente: Poder

Felicidad: Mmm, esa no tiene réplica… Claridad

Piscina: Trabajo

Equipo: Logros

Una ciudad: Madrid

Un equipo de fútbol: Tengo dos: Las Palmas y el Madrid

Un ídolo: No tengo

Un político: Soy apolítico

¿Cree en Dios?:

@Enhamed