El desenlace: caso Andreas Krieger

La estructura organizativa de la RDA en los años de la Guerra Fría, buscando el éxito deportivo en base al Oral-Turinabol, acarreó graves problemas de salud en muchos de aquellos deportistas cobayas. Diez mil atletas fueron sometidos a tratamientos con efectos secundarios, especialmente en categoría femenina. Los entrenadores de natación tenían una máxima: “no podemos acercar los hombres a los peces, pero sí las mujeres a los hombres”. El éxito deportivo primó por encima de la salud de sus atletas.

El ejemplo más nítido de estos abusos es la historia de Heidi Krieger, hoy Andreas Krieger. Campeona de Europa de lanzamiento de peso en 1986, el consumo excesivo de esteroides fue desequilibrando su metabolismo y masculinizando progresivamente su cuerpo. Tal fue la mutación, que se vio obligada a cambiar de sexo. Cuando le confesó al médico sus intenciones, éste le dijo: “de acuerdo caballero, saldrá de aquí siendo mujer”.

Heidi era una chica muy delgada, 65 kg. Y muy alta, 1,80 m. Según ella misma, “tenía medidas de modelo”. Poco a poco se fue transformando: “las hormonas masculinas afectaron a mi equilibrio emocional, no entendía mi cuerpo. Pensé en suicidarme, no quería vivir así. Si no le gustaba a los hombres, ni ellos a mí… si me atraían las mujeres pero no me consideraba lesbiana… algo no funcionaba”.

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Andreas Krieger en la actualidad, mostrando una foto de Heidi Krieger (Fuente: Getty Images).

El Oral-Turinabol fue el causante de su transformación. La hormona desarrollaba la musculatura, aumentaba la potencia e incrementaba la agresividad. Las mujeres subían de peso repentinamente (4kg al mes) y veían reducido el tamaño de sus pechos, además de desarrollar infecciones en los ovarios y una posible esterilidad.
Ben Johnson, récordman en los 100 m de Seúl 88, dio positivo por dopaje tras su gran marca. Había ingerido 900 mg de testosterona durante aquel año. A las atletas de la RDA se les administraba entre 2.000 y 3.000 mg anuales.

Andreas Krieger asume su  presente mientras digiere su pasado: “estaba escandalizado por lo que me habían hecho y por no haberme dado cuenta de nada. No sé cómo hubiera sido mi vida sin las hormonas. Igual hubiera sido madre de cinco hijos. Puedo cambiar mi físico pero Heidi seguirá existiendo”.

Heidi no fue la única. La pastilla azul no curaba. Los problemas de salud comenzaban a brotar con el paso de los años: cáncer, abortos, esterilidad. Enfermedades en atletas y sus descendientes. Los niños que se gestaron en cuerpos dopados nacieron con malformaciones. Otros ciegos, como la hija de de Jutta Gottschalk, ex nadadora: “mis músculos explotaron y mi espalda ensanchó. No tuve la regla hasta los 18 años y apenas desarrollé senos”.

Un estudio a 52 atletas dirigido por el historiador Giselher Spitzer, de la Universidad de Humboldt, concluyó que un cuarto de los afectados desarrolló cáncer. El 93% presentaba daños óseos y la mitad de las mujeres sufrían enfermedades ginecológicas. El número de abortos involuntarios era 32 veces mayor. Catalina Menschner, también ex nadadora, hacía 100 flexiones con 11 años. Sus entrenadores le regalaban unos ‘dulces’ de colores. Hoy culpa a las drogas de sus siete abortos.

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                                                                                                                                            Manfred Ewald (izq) y Manfred Höppner (dcha).

Manfred Ewald (Ministro de Deportes de la RDA) y Manfred Höppner (médico y vicejefe del Servicio de Medicina Deportiva de la RDA) fueron señalados en juicio como máximos culpables de aquel dopaje de Estado. Ninguno de ellos ingresó en prisión.

La sentencia se dictó en el año 2000. En 2007, el DOSB (Comité Olímpico Alemán) indemnizó a 157 ex atletas con 2,9 millones de euros, de los cuales 25.000 euros corrieron a cargo de Jenapharm, la farmacéutica. Así acaba la historia del dopaje y su profesionalización. Los alemanes, una vez más, pioneros. Pastillas azules, resultados dorados, futuro negro.

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