Introducción: primeras trampas

El término ‘doping’ se acuñó por primera vez en un diccionario inglés de 1889. Su etimología parece remontarse a una tribu nativa surafricana, que llamó ‘dop’ a la bebida alcohólica que empleaban como estimulante en danzas ceremoniales. El sufijo ‘–ing’ se le añadió para reflejar la acción de beber ‘dop’.

A pesar de ser un término relativamente moderno, su práctica se remonta mil años atrás. Antiguos documentos de la mitología noruega constatan el uso de sustancias dopantes entre los berserker. Estos vikingos tomaban bufotenina, un alcaloide derivado de la serotonina con efectos alucinógenos. Entraban en combate bajo trance de perfil psicótico, en furia ciega, casi insensibles al dolor. Dicho alcaloide se encuentra en ciertas setas y en la piel de determinados sapos.

En la Antigua Grecia, alrededor del año 400 AC, el deporte alcanzó un estatus en la vida social griega similar, si no mayor, al lugar que ocupa en la sociedad de hoy, con atletas muy bien pagados. Motivados por suculentos premios económicos para el vencedor, consumían brebajes a base de extractos de hongos y semillas de plantas para potenciar su rendimiento. También ingerían testículos animales como suplemento vitamínico.

El estatus elevado del atleta continuó vigente durante el Imperio Romano, aunque con deportes diferentes. Emergieron los espectáculos públicos en el Coliseo: combates entre gladiadores y carreras de cuadrigas. En ambas pruebas, tanto luchadores como caballos eran dopados en pos del espectáculo.

imageGenArtur Linton, primera víctima del dopaje, 1896.

Arthur Linton fue el primer muerto por dopaje del que se tiene constancia. En 1896, y tras una etapa Burdeos-París, el ciclista falleció fruto de una mezcla fatal de cocaína, cafeína y efedrina. En 1904, el maratoniano Thomas Hicks fue el primer dopado del que se tiene constancia en unos Juegos Olímpicos. Su cóctel: brandy, estricnina y yemas crudas. El empleo de fármacos y sustancias estimulantes comenzaba a ser habitual. En 1928, surge el primer organismo en posicionarse contra el dopaje: la FIAA, la Federación Internacional de Atletismo Aficionado.

El nudo: plan 14.25

En la década de los 40, una vez finalizada la II Guerra Mundial, el deporte pasó a ser el escenario en el que medir fuerzas. La URSS, una de las potencias vencedoras, quería continuar la senda del triunfo. Consolidar el comunismo y su soberanía, ahora en el deporte. Y su hermana pequeña, la República Democrática Alemana, imitaba a la mayor. Los soviéticos focalizaron sus métodos en el modelo matemático, novedad por aquel entonces: concedió capital importancia a la recogida de datos, su clasificación y sistematización. Para después, encontrar leyes empíricas que aplicar en la planificación de los entrenamientos.

La RDA, por su parte, crea en 1950 la DHfK (Escuela Superior Alemana de Educación Física). Reunía a médicos deportivos y entrenadores. Su teoría del entrenamiento se basaba en las diferencias biológicas, genéticas y en paradigmas científico-naturales. Ya entonces, en la Berlín Oriental se experimentaban cambios en la alimentación, incluso prácticas tan drásticas como inflar los intestinos de los nadadores para una mejor flotabilidad.

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Los deportistas olímpicos de la RDA desfilando en Seúl 88.

Para la RDA, las anfetaminas y los anabolizantes eran complementos vitamínicos. El producto estrella el Oral-Turinabol, un esteroide de los laboratorios Jenapharm. Un comprimido azul del que se fabricaban más de un millón de unidades al año. Dos mil científicos dedicaron una década para confeccionar la pastilla mágica. Y los efectos secundarios eran, eso, secundarios. Lo primordial era el éxito.

El plan estatal tenía nombre propio, ‘14.25’. Una cadena en la que cada eslabón cumplía un papel: la industria farmacéutica suministraba las pastillas a los médicos, estos a los entrenadores y los entrenadores a los deportistas. Científicos, médicos y preparadores al servicio del Estado. Y objetivo cumplido: la RDA se convertía en una nación de referencia gracias al deporte. Se adjudicaron 405 medallas (153 de oro) en 5 JJOO.

Los atletas ganaban títulos y dinero, mientras conocían mundo más allá del Telón de Acero. Aún no eran conscientes de ser laboratorios humanos.

Se alcanzó tal nivel de perfeccionamiento que hoy, 30 años después, siguen vigentes muchos de los récords de aquella época. Ninguna mujer ha conseguido saltar más alto (2,09 m- año 1987) ni más lejos (7,52-1988) que entonces, ni arrojar el disco tan lejos (76,80-1988). En lanzamiento de peso, las 40 mejores marcas históricas se lograron entre 1976 y 1988. El crono en los 400 m (47,60-1985) tampoco ha sido superado por ninguna atleta moderna.

Oral-Turinabol-Jenapharma

Una caja de Oral-Turinabol Jenapharm.

Quienes desclasificaron los documentos de aquella red político-deportiva, concluían que “los éxitos deportivos de la RDA no se debieron sólo a las drogas, pero tampoco se habrían alcanzado sin ellas”. En la misma línea se sitúa Martí Perarnau, ex atleta olímpico: “tenían buen criterio para encontrar talentos y notables avances en el entrenamiento. En ninguna otra parte del mundo se cultivó el conocimiento y el perfeccionamiento de los entrenadores como en los países del Este”.

Para Erich Honecker, ex Presidente del Consejo de Estado de la RDA, no había pócimas: “el milagro del que se habla en todo el mundo respecto a nuestros y nuestras deportistas se llama Socialismo”.

El desenlace: caso Andreas Krieger

La estructura organizativa de la RDA en los años de la Guerra Fría, buscando el éxito deportivo en base al Oral-Turinabol, acarreó graves problemas de salud en muchos de aquellos deportistas cobayas. Diez mil atletas fueron sometidos a tratamientos con efectos secundarios, especialmente en categoría femenina. Los entrenadores de natación tenían una máxima: “no podemos acercar los hombres a los peces, pero sí las mujeres a los hombres”. El éxito deportivo primó por encima de la salud de sus atletas.

El ejemplo más nítido de estos abusos es la historia de Heidi Krieger, hoy Andreas Krieger. Campeona de Europa de lanzamiento de peso en 1986, el consumo excesivo de esteroides fue desequilibrando su metabolismo y masculinizando progresivamente su cuerpo. Tal fue la mutación, que se vio obligada a cambiar de sexo. Cuando le confesó al médico sus intenciones, éste le dijo: “de acuerdo caballero, saldrá de aquí siendo mujer”.

Heidi era una chica muy delgada, 65 kg. Y muy alta, 1,80 m. Según ella misma, “tenía medidas de modelo”. Poco a poco se fue transformando: “las hormonas masculinas afectaron a mi equilibrio emocional, no entendía mi cuerpo. Pensé en suicidarme, no quería vivir así. Si no le gustaba a los hombres, ni ellos a mí… si me atraían las mujeres pero no me consideraba lesbiana… algo no funcionaba”.

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Andreas Krieger en la actualidad, mostrando una foto de Heidi Krieger (Fuente: Getty Images).

El Oral-Turinabol fue el causante de su transformación. La hormona desarrollaba la musculatura, aumentaba la potencia e incrementaba la agresividad. Las mujeres subían de peso repentinamente (4kg al mes) y veían reducido el tamaño de sus pechos, además de desarrollar infecciones en los ovarios y una posible esterilidad.
Ben Johnson, récordman en los 100 m de Seúl 88, dio positivo por dopaje tras su gran marca. Había ingerido 900 mg de testosterona durante aquel año. A las atletas de la RDA se les administraba entre 2.000 y 3.000 mg anuales.

Andreas Krieger asume su  presente mientras digiere su pasado: “estaba escandalizado por lo que me habían hecho y por no haberme dado cuenta de nada. No sé cómo hubiera sido mi vida sin las hormonas. Igual hubiera sido madre de cinco hijos. Puedo cambiar mi físico pero Heidi seguirá existiendo”.

Heidi no fue la única. La pastilla azul no curaba. Los problemas de salud comenzaban a brotar con el paso de los años: cáncer, abortos, esterilidad. Enfermedades en atletas y sus descendientes. Los niños que se gestaron en cuerpos dopados nacieron con malformaciones. Otros ciegos, como la hija de de Jutta Gottschalk, ex nadadora: “mis músculos explotaron y mi espalda ensanchó. No tuve la regla hasta los 18 años y apenas desarrollé senos”.

Un estudio a 52 atletas dirigido por el historiador Giselher Spitzer, de la Universidad de Humboldt, concluyó que un cuarto de los afectados desarrolló cáncer. El 93% presentaba daños óseos y la mitad de las mujeres sufrían enfermedades ginecológicas. El número de abortos involuntarios era 32 veces mayor. Catalina Menschner, también ex nadadora, hacía 100 flexiones con 11 años. Sus entrenadores le regalaban unos ‘dulces’ de colores. Hoy culpa a las drogas de sus siete abortos.

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                                                                                                                                            Manfred Ewald (izq) y Manfred Höppner (dcha).

Manfred Ewald (Ministro de Deportes de la RDA) y Manfred Höppner (médico y vicejefe del Servicio de Medicina Deportiva de la RDA) fueron señalados en juicio como máximos culpables de aquel dopaje de Estado. Ninguno de ellos ingresó en prisión.

La sentencia se dictó en el año 2000. En 2007, el DOSB (Comité Olímpico Alemán) indemnizó a 157 ex atletas con 2,9 millones de euros, de los cuales 25.000 euros corrieron a cargo de Jenapharm, la farmacéutica. Así acaba la historia del dopaje y su profesionalización. Los alemanes, una vez más, pioneros. Pastillas azules, resultados dorados, futuro negro.

USA y abusa: la rutina del oro

La Selección femenina de los Estados Unidos llega a los Juegos Olímpicos de Río con los últimos cinco oros en el bolsillo: Atlanta, Sydney, Atenas, Pekín y Londres. Un balance de 40 partidos y 40 victorias. La última derrota olímpica de las norteamericanas fue en el Pabellón Olímpico de Badalona, Barcelona, en agosto de 1992.

ATLANTA 96

El último verdugo de la Selección femenina de basket norteamericana en unos Juegos no fue un país, fueron doce. Doce de las quince ex repúblicas soviéticas, entonces Equipo Unificado y compitiendo bajo bandera e himno olímpicos: Armenia, Azerbayán, Bielorrusia, Georgia, Kazajistán, Kirguistán, Moldavia, Rusia, Tayikistán, Turkmenistán, Ucrania y Uzbekistán.

SYDNEY 2000

Ese año 92, el Equipo Unificado derrotó en semifinales a las nortemaericanas por 79-73. Luego, ya como Ruisa, ha sido la que más cerca ha estado de destronar el imperio estadounidense, con un apretado 66-62 en las semifinales de Atenas ’04.

ATENAS 2004

En estos cinco Juegos, las norteamericanas han ganado por un total de 1169 puntos de diferencia en 40 partidos. Con una media de 29,2 puntos de margen en cada victoria.

En total, han ganado 7/10 oros en JJOO, un 70%. El Real Madrid ha ganado el Trofeo Santiago Bernabéu en 26 de 37 ocasiones: un 70,27%. Es decir, para Estados Unidos, ir a competir a los Juegos Olímpicos le resulta tan sencillo como al Real Madrid ganar su Trofeo de verano. Ambos juegan en ‘su’ casa y en ‘su’ salsa.PEKIN 2008

Ganar, ganar, ganar, ganar y volver a ganar, como decía Luis Aragonés. Si los Reyes Magos traen oro, incienso y mirra, en casa de las norteamericanas sólo dejan oro. Entre 1994 y 2006, encadenaron 51 partidos invictas. Rusia las bajó del pedestal. Fue en un Campeonato del Mundo. Antes, 12 años atrás, fue Brasil quien derrotó a Goliath. También en un Mundial. Pero en JJOO son intocables.

Muy lejos de los 1270 partidos que tardaron en perder los Harlem Globetrotters, pero con el mismo aura de invencibles. Posiblemente, la peor de las norteamericanas sea la mejor del equipo de cualquiera de sus rivales por el oro.

LONDRES 2012

En Brasil, otra vez agosto, España ya espera en la final a las mujeres de las 13 barras y las 50 estrellas. De destronarlas, entrarían en la Historia del deporte por la puerta grande. Con tinta perenne. De revalidar las norteamericanas el título olímpico, supondría un récord de 24 años sin perder y 48 partidos consecutivos ganando.

Pase lo que pase, será histórico. Pero ojalá España encuentre la fórmula, el antídoto y la forma de que Goliath hinque la rodilla.

La supremacía de las razas en el deporte: explicación científica

La Historia del Deporte nos remite a una Ley Universal: los números. Los negros americanos dominan las carreras de velocidad y los negros africanos arrasan en pruebas de resistencia. Los blancos se reparten prácticamente todas las medallas en natación.

El francés Christophe Lemaitre fue el primer hombre blanco que bajó de los 10 segundos en los 100 metros lisos. Lo hizo en 2010 y desde entonces lo ha logrado seis veces más. 42 años antes lo había logrado ya un estadounidense negro, Jim Hines, mientras que el jamaicano Asafa Powel ha concluido el hectómetro en menos de 10 segundos en 93 ocasiones.

Es un axioma: los negros son más rápidos. En los 100 m lisos, los 50 mejores tiempos de la historia son de corredores estadounidenses y jamaicanos (ver tabla 1). Y no encontramos ningún blanco en las 250 primeras posiciones. En competición femenina, la tónica es muy similar.

TABLA 1: MEJORES MARCAS HISTÓRICAS EN LOS 100 METROS LISOS (IAAF)100m

Para pruebas de resistencia, sirva como ejemplo los 5.000 metros. Los 40 mejores tiempos son propiedad de Kenia y Etiopía. En maratón, más de lo mismo: los 60 mejores cronos son suyos (ver tabla 2).

TABLA 2: MEJORES MARCAS HISTÓRICAS EN MARATÓN (IAAF)MARATON

Pero dentro del agua, los blancos nadan mejor: Anthony Nesty es el único nadador negro ganador de una medalla de oro en unos JJOO. El surinamés lo logró en Seúl ’88. No hay más precedentes.

En piscina larga (50 metros), hay 20 modalidades diferentes: 20 récords en manos de 29 nadadores, ya que algunas modalidades son por equipos. De ellos tan sólo uno es negro: Cullen Jones, uno de los integrantes del equipo estadounidense del 4 x 100 m libre.

Hallamos tres posibles razones científicas que explican la preeminencia de los blancos en el agua y de los negros fuera de ella.

1. Biomecánica: el centro de gravedad

Desde el punto de vista antropométrico, el centro de gravedad del cuerpo humano reside en el ombligo. Y éste tiende a ubicarse más arriba en el cuerpo de los negros, debido a la mayor longitud de sus extremidades inferiores y a su menor grasa corporal.

Exactamente, un 3% más elevado, lo que les confiere una aptitud para ser un 1,5% más rápidos en carrera, según investigadores de la Universidad de Duke. Ese 1,5% supone una rebaja de 15 centésimas en los 100 metros lisos. Completarlos en 10 segundos o en 9,85 es una diferencia abismal en esta prueba. Se tardaron décadas en bajar de un tiempo a otro.

Por contra, los blancos aprovechan mejor en el agua esta diferencia de antropometría. Adrian Bejan, especialista en termodinámica moderna, lo explica a través de la mecánica de flujos: “Nadar consiste en el arte de surfear la ola creada por el propio nadador. El nadador que hace la ola más grande es el que nada más rápido”. Los nadadores blancos presentan condiciones favorables. Con un posicionamiento del ombligo más bajo, están dotados de torsos más largos y dejan caer hacia adelante una mayor proporción de su tronco, originando una ola de mayor altura.

En el sprint, se invierte la ventaja: “La locomoción es, en esencia, un proceso continuo de caída hacia delante, y la masa que cae de una altitud superior cae más rápido”. Al tener el centro de gravedad más alto, los corredores negros dejan caer la masa, en este caso su cuerpo, desde un punto más elevado, favoreciendo el avance.

2. Anatomía: la densidad ósea

Otra variable que influye en el rendimiento deportivo es la densidad mineral ósea (DMO). Los negros, según una investigación del Departamento de Epidemiología y Medicina Preventiva de la Universidad de Baltimore, tienen unos valores de DMO significativamente más altos que los blancos, tanto en el cuello femoral y la columna lumbar como en el resto del cuerpo.

Esto explica que haya menos casos de fracturas de cadera en hombres negros de avanzada edad que en hombres blancos de idéntica edad. Por la misma razón, en mujeres negras se encuentran menos casos de osteoporosis.

Las conclusiones de este estudio llevadas a la piscina evidencian que las condiciones de flotabilidad de la raza negra presenta más dificultades: la densidad ósea de sus cuerpos se acerca más a la densidad del agua, lo que implica un mayor gasto de energía para mantenerse en la superficie.

3. Fisiología: la fibra muscular

Otra teoría apunta al tipo de fibra predominante en los músculos. Existen fundamentalmente dos tipos: fibras rojas y fibras blancas, comúnmente llamadas fibras lentas y fibras rápidas, respectivamente.

La fibra muscular roja es una fibra resistente pero con un ritmo de contracción bajo. Tiene este color debido a una gran cantidad de vasos sanguíneos y a una alta concentración de mioglobina, que le dan esta pigmentación. La mioglobina contiene importantes reservas de oxígeno, ideal para deportes de fondo o resistencia: actividades de baja intensidad pero con un esfuerzo prolongado en el tiempo, como la natación o el ciclismo.

Por otra parte, la fibra blanca responde al estímulo contrayéndose en una centésima de segundo. A mayor índice de contracciones por unidad de tiempo, antes aparece la fatiga. Es propicia para trabajos explosivos de corta duración, como la velocidad o la halterofilia, ya que la energía de estas fibras se agota rápidamenta.

Todos los países del África Occidental (Nigeria, Ghana, Senegal) y sus descendientes (EEUU y los países caribeños), son genéticamente más propensos a contener un mayor porcentaje de fibras blancas. Además, la colaboradora de la revista Science, Constance Holden, ha constatado que los nativos de Jamaica, prácticamente el 100% de la población, tienen una versión del gen que sintetiza la alfa actinina 3, una proteína exclusiva de este tipo de fibras.

4. Genética: el caso concreto de Kenia

La población del África Oriental (Kenia, Tanzania, Etiopía) se caracteriza por una constitución corporal muy particular: bajo índice de masa corporal, bajo porcentaje de grasa y extremidades más delgadas. Pesan poco, por lo que gastan menos oxígeno en desplazarse.

Tim Noakes y su equipo de la Universidad de Ciudad del Cabo en Sudáfrica investigaron al respecto. Pruebas isométricas concluyeron que sus cuádriceps, en comparación con atletas caucásicos, son un 31% más delgados, con 400 gramos menos de masa muscular en cada extremidad. Este dato se traduce en un ahorro del 8% en el consumo energético por cada kilómetro.

Particularmente, los kenianos tienen una predisposición genética idónea, con unas características antropométricas muy concretas. Enclavada en el Valle del Rift, Kenia se sitúa en una altiplanicie por encima de los 3.000 metros. Esta privilegiada localización geográfica supone un centro de alto rendimiento natural. En zonas de altitud, disminuye la presión barométrica y la presión parcial de oxígeno. El cuerpo reacciona aumentando la producción de hemoglobina y glóbulos rojos.

Para Jordan Santos, Doctor en Fisiología del Ejercicio y miembro de la unidad de Ciencias del Ejercicio y Medicina del Deporte en la Universidad de Ciudad del Cabo, estas adaptaciones genéticas comienzan incluso antes de nacer. Como réplica fisiológica a la hipoxia, el cerebro del feto responde con modificaciones vasodilatadoras crónicas en el encéfalo. A nivel cardiorrespiratorio, hay un mayor flujo de sangre a la arteria uterina y, en consecuencia, una mayor oxigenación cerebral del feto.

Esto redunda en una ventaja, ya que el agotamiento surge cuando el cerebro deja de recibir oxígeno en cantidades suficientes y cae en la desaturación arterial. Pero el lóbulo prefrontal del keniano mantiene un abastecimiento de oxígeno constante, lo que les permite economizar más y mejor su fatiga.

Estas evidencias por separado suponen ligeras alteraciones en el cuerpo del atleta que en el deporte de élite se transforman en grandes ventajas. Todas juntas, constituyen argumentos de peso para justificar la supremacía de una u otra raza con bañador o con zapatillas.